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CRISIS

Pues tenía que llegar. La primera crisis. Aquí y ahora. Se hace bastante difícil escribir pero escribo porque creo que estos son los momentos que vale la pena mostrar, para bien o para mal y porque en su día me comprometí a hacerlo y a contar. Lo bueno y lo difícil. Ahora toca difícil.

Voy a hablar sólo de mi. Al fin y al cabo este es el blog de una persona monógama en una relación no monógama. Esa soy yo y vengo con tres mochilas. La de la vida, la del amor (romántico) y la de mi historia familiar. Alguien se preguntara, en estos momentos, cómo es posible que sabiendo esto comenzara la relación. Yo también. Pero salir corriendo ahora sería de cobardes y no lo soy. Seré insegura y pesada y reiterativa y machacona y reaccionaré mal, pero cobarde no soy, ni deshonesta.
Sé que me quiere y la quiero.
Quiero intentarlo y si sale mal, se vuelve a intentar hasta que salga bien.

De momento algo no está saliendo bien.

Seguimos intentándolo. Yo no sé como dejar de sentirme como me siento. Se me hace cuesta arriba que ella quiera a su otra pareja y folle con su otra pareja y se divierta con su otra pareja y no sentirme muy insegura, aún sabiéndolo y aceptándolo. Es una contradicción enorme, lo sé. Se me cortocircuita la cabeza.

Sé que acepté esas condiciones desde el principio y que nadie me engañó, pero no es cuestión de engaños. Es cuestión de puntos de vista y en este problema hay dos. Dos.





Me equivoqué. Pensé que podría dar igual y no da. Ni quiero que dé. 
Estoy empezando a ser consciente de mis errores, que he cometido muchos. Entre otros precipitarme y forzarme hasta el punto de crear situaciones desagradables, y de eso sólo soy responsable yo. Soy monógama por elección, porque quiero serlo, aunque ya no descarto nada. Al igual que ella no lo es también por elección. Parece que hemos tratado de unir dos formas de amar irreconciliables. Me jode y me causa dolor, porque en verdad, hubiera estado bien que fuera un poco más fácil. Pero no lo es y hay que enfrentarse a ello. La opción de salir corriendo no la contemplo, de momento.

El miedo al abandono, los celos y la ansiedad son complicados de gestionar. Me he sentido sola. Me he sentido menos. Me he sentido indefensa. Pero sobre todo, no me he sentido entendida. Esto no es un reproche, son sólo consecuencias de mis malas decisiones. Su forma de entender las relaciones, para mi, es complicada de entender y sé que, a la inversa, mi forma de entenderlas, para ella, también es complicada de entender. 

Quien conoce la historia desde el principio podrá decirme que no tengo derecho a quejarme, que me lo ha dado casi todo. Quizá yo no supe explicarme bien o no supe entender el valor de lo que me daba, pero en cualquier caso no era lo que adecuado y yo no lo supe ver tampoco hasta que me encontré en una situación en la que nada me servía. Tampoco puedo reprocharle nada porque, a día de hoy, tampoco yo sé qué hubiera sido lo adecuado.

Hay un abismo entre ser una pareja monógama que, de mutuo acuerdo, decide abrir la relación; y ser una persona monógama que entra en una relación abierta. La pareja pasó por eso unida y a la vez,  yo lo estoy pasando sola, sin mi pareja, por mucho que me quiera y que me apoye, (que lo ha hecho siempre), porque ella ya está allí.

En fin, que nos toca llevar la relación al taller a cambiar y recolocar algunas piezas.
Eso sí, juntas. Ahora sí.

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